Hace unos días, mi tía me llamo por teléfono, pese a ser un
familiar muy querido y próximo, no suele llamarme, por lo tanto me despertó
inquietud, solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve y yo como médico
suelo funcionar de paraguas. Me cuenta que hace dos días acudió a urgencias de
un hospital por fiebre, tos y dolor costal y tras valoración, analítica y
radiografía le habían diagnosticado de una neumonía adquirida en la comunidad. Ella por
otro lado es una mujer menor de 65 años y sin otros problemas de salud. Su
llamada era sobre una cuestión de pronóstico y capacidad de contagio para con
su nieta, pero me dijo de forma marginal que estaba esperando que la viera el
neumólogo en consultas externas. Ese dado, para ella normal ( si tengo algo de
pulmón me tendrá que ver el neumólogo ) me dejó preocupado, no debería ser el
procedimiento, una neumonía de la comunidad no suele revestir gravedad y no requiere valoración por neumólogo, algo se me escapaba. Tras una serie de
valoraciones en su historia clínica y de visualizar su radiografía, siempre con
su consentimiento me quedé más tranquilo, esa derivación seguramente pertenecía
a un procedimiento de “onanismo hospitalario” y a una mala gestión de las
expectativas.
Lo que
a los ciudadanos prometemos o recomendamos, debe siempre ser medido por la
viabilidad y por la mesura, cuanto no por la lógica. Nuestro sistema debería
ser una red que contraríe los caprichos de la gravedad, una única y tupida red
formada por distritos, áreas de gestión, hospitales ( tanto del SAS como de las
empresas públicas ), pero la realidad es tozuda y se empeña en demostrarnos una
y otra vez que somos reinos de taifas, y ya todos sabemos cómo acabaron.
La cita
de neumología que se le indicó, con el sugerente nombre de “consulta de atención
rápida” y que le prometieron que sería en una semana, no la recibió en su
domicilio hasta las dos y no se hacía efectiva hasta las seis [ Por favor,
cumplimente este espacio con el emoticono que más le sugiera ]. Igual de
inviable y de desmesurado y poco realista hubiera sido decirle que tenía que
ver a su médico de familia al día siguiente para valoración, ya que seguramente
no tenga cita. Ante esta experiencia las ideas que mi tía adquirió fueron:
- Que una patología determinada debe ser revisada y valorada por el especialista del campo que corresponde.
- Que cuando una situación es medianamente compleja, el mejor lugar para asistir es el hospital.
- Que no existe coordinación entre niveles asistenciales.
- Que atención primaria no tiene un valor específico en el seguimiento de esta patología ( y seguramente de ninguna ).
La gestión de las expectativas se basa en actuar en
función de nuestra capacidad, como sistema sanitario público, y de proveer a
los usuarios de una visión realista de nuestra realidad, en este caso que
expongo, además de un protocolo de revisión que está fuera de ninguna lógica ni
evidencia, se generaron unas expectativas que era muy difícil que se vieran
satisfechas, ser visto por un especialista en lo suyo en una semana, cuando
además estas expectativas no correspondían a una necesidad que seguramente sí
tengan otros usuarios.


