Desde que hace algunos años, el Dr.House, aportó a mi conocimiento el concepto de Navaja de Ockham,
varias veces se ha repetido en mi biografía. La premisa que ante un
problema complejo e igualdad de condiciones, la respuesta más simple es posiblemente las más
satisfactoria me pareció inicialmente una escusa, pero con el tiempo
aprecio esta premisa y cada vez la tengo en más estima.
Cuando nos enfrentamos a un problema
en sistemas de información sanitarios, muchas veces procuramos
desplegar complejos algoritmos que en sus ramificaciones lleguen a
todas los rocambolescos escenarios que nuestra bizarra mente de
laboratorio pueden atisbar. Afortunadamente poco a poco vamos
consiguiendo aplacar estas ansias de demostrar cuan sesudo somos y
bajamos a los casos de uso que realmente tenemos que cubrir y hacer
ésto con la mayor de las simplezas, simplezas al menos para los
profesionales, que son los que se enfrentan a nuestras creaciones.
Tenemos pocas referencias en nuestro
entorno para vernos reflejados, pero muchos ejemplos que nuestros
usuarios, los profesionales o ciudadanos usan con gran aceptación y
que quizás nos deberíamos asomar a sus usos y costumbres. Si en
Facebook cuando estás escribiendo una entrada reconoce que estás
hablando sobre uno de tus contactos, si eso es reconocimiento del
lenguaje natural y podemos extenderlo a sinonimias y diferentes
formas de escribirlo, por qué no hacerlo, si a ellos les funciona.
En las aplicaciones que manejamos en
las consultas o en los despachos siempre tenemos tres capas sobrepuestas: una capa de interfaz, que siendo la más apreciada por
los profesionales es para los programadores muchas veces la menos
cuidada y quizás la más simple, cómo vemos las cosas, donde estás
y cuánto de accesibles las tenemos en una pantalla de ordenador. La
segunda capa es la capa de negocio, realiza las validaciones, no nos
permite poner letras en campos numéricos, hace que si marcamos que
es diabético nos sugiera que lo gestionamos por el proceso de
diabetes méllitus, y cosas así, es más complicada, más delicada y
que muchas veces nuestros profesionales están acostumbrados a que
sea una capa pobre e ineficaz y a mi modo de ver es la que más
importancia debe tener, para facilitar el trabajo clínico y sobre
todo para absorber la mayor cantidad de información posible sin
necesidad de que el profesional se esfuerzo para ello. La tercera
capa es la base de datos, un repositorio de información, con gran
facilidad de búsqueda en ella que permite que el negocio se
desarrolle con datos anteriores y que la información perdure, mucho
más tecnológico.
La simplicidad llevada al extremo es
una hoja en blanco donde el profesional escriba y el negocio
interprete y sugiera. Quizás sea excesivo y desconcertante, pero a
partir de aquí podemos trabajar en simplicidad.
Parque Jurásico nos enseñó que la vida se abre paso y que por mucho que nos empeñemos en procurar que el agua trascurra por nuestros cauces, los profesionales utilizan las herramientas en función de los resultados que les reportan y si la herramienta no les rasca la espalda, tampoco ellos lo harán.

Meridianamente Claro Joaquin, la simplicidad debe acompañar a las aplicaciones informáticas, pero veo que en estos momentos, debe ser muy dificultosa ser simple y claro en la historia de salud, y que esta nos devuelva datos y registros, no te digo. Buen post
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