La innovación en gestión sanitaria
es cada vez un tema más recurrente y en determinados foros y
círculos es un mantra que se rumia y se repite hasta parecer casi
tangible. Este tema da tanto para una charla de café como para crear
el Observatorio de Innovación en Gestión de la Sanidad dependiente
de la Agencia de Información, Evaluación y Calidad en Salud de
Cataluña.
Cada vez que me acerco a este tema y
por mi puesto actual como asesor de sistemas de información en el
Servicio Andaluz de Salud, ocurre frecuentemente, se me antoja la
disquisición de decidir entre dos posturas antagónicas en el acervo
popular, el "eterno retorno de Heráclito", donde todo lo
que fue
volverá y la historia se plantea como cíclica o el cantado
"agua pasada no mueve molinos".
Innovar es crear o modificar un
producto, un proceso productivo, una forma de hacer las cosas e
introducirla en el mercado o implantarla en nuestro ámbito. Esta es
la definición que da la Real Academia de la Lengua Española para el
término, pero en ningún momento dice ni que este proceso tenga que
ser novedoso, ya que tiene dos partes, una la de crear el producto o
la de modificarlo y otra la de implantarlo, implementarlo y tampoco
dice que esto tenga que ser beneficioso.
Llegamos, pues, a un punto de
desasosiego donde nos estamos acostumbrando a realizar ejercicios de
melancolía, a hacer brindis al sol. Gestión sanitaria, sí, gestión
clínica, por supuesto, innovación, la justa.
Volvamos dos párrafos más arriba,
pese a qué mostré una disquisición razonable, yo me decanté hace
tiempo por un modelo de historia cíclica y ello me lleva a relajar
mi creatividad pero a estresar mi necesidad de búsqueda
bibliográfica. Es muy probable que la solución a nuestro problema,
o una aproximación al menos, ya esté resuelta, implantada,
evaluada y publicada. En relación a la Gestión Sanitaria debemos
ser menos Google y más ratones de biblioteca, y como dijo aquél:
"los experimentos en casa y con gaseosa".
Cuando nací ya había dos documentos
que han envejecido de forma desigual, los dos han sido nombrados y
reivindicados ( salvando sus diferencias ) en multitud de ocasiones,
y sin querer entrar en temas de los que no entiendo, uno parece que
necesita ser actualizado y revisado y el otro, quizás de no
utilizarlo, puede que sólo haga falta desempolvarlo, son la
Constitución Española y las conclusiones de Alma-Ata.
Quizás Alma-Ata fuera una innovación
en la España que pretendía modernizarse y construía hospitales
cada vez más grandes y complejos, sus conclusiones tienen ya casi 40
años y se siguen blandiendo como el primer día. Hace unos días se
creo el Foro de Andaluz de Atención Primaria. Este foro, que como
ellos dicen, no querríamos que hubiese nacido, viene a recordar una
vez más que tenemos soluciones que ya no son innovadoras pero que
suponen una base fundamental de nuestra gestión sanitaria, como es
la apuesta por una atención primaria fuerte y capaz de resolver los
problemas de los ciudadanos.
Innovar no será posiblemente la
solución, gestionar bien y entre todos, con nuestros diferentes
niveles de responsabilidad seguro que lo es.
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