En un intento de no sucumbir definitivamente
a la agotadora tarea de llevar hacia delante lo familiar, lo personal, lo
laboral y el XXI Diploma de Gestión,
buscando, o bicheando como diría alguno que me sé, para comenzar esta entrada
que quería que versase sobre GESTIÓN, así en mayúsculas, a lo grande, me he
topado con uno no, con varios artículos en la prensa sobre este algoritmo,
sobre esta historia humana, tan antigua como la vida misma: “el algoritmo de la felicidad”, que firma Lucila Blázquez.
No me atrevo a simplificar un algoritmo, que
ya tuve bastante con las matemáticas de bachiller, pero no creo equivocarme
mucho si digo que lo que propone su autor, Mo Gawdat, es más
o menos algo así como que para ser feliz hay que estar justo en el lugar que
uno quiere estar, si no estás a gusto te mueves y si estás a gusto, pues
disfruta.
Seguro que
tras la experiencia vital de este ingeniero y ejecutivo de Google X, en la que se basa
su
libro (Solve for Happy) hay mucha más tela que cortar y muchos detalles que limar.
Pero me viene como anillo al dedo, porque
cuando he rebuscado sobre temas tan grandes y tan delicados como el “Plan de las Pequeñas Cosas”, sobre “Seguridad”, “Efectos Adversos”, sobre la
“Excelencia”, etc etc se me ha venido a
la cabeza que a lo mejor a más de uno, tras hacer su composición del “algoritmo” que cito al principio, le ha
salido una zona de confort muy aceptable,
para sí mismo, y ha decidido parar. Deternerse en esa carrera sin fin que debería ser
llegar a la excelencia en la práctica de su dedicación: hablo de salud, sea
clínica o de gestión, sea política o de carrera, sea de uno u otro sexo, de una
u otra condición.
A
lo mejor uno de los problemas a los que se enfrenta quien ejerce la gestión es que su algoritmo de felicidad, de estar
contento con lo que hay y/o buscar un cambio, no se parece en nada al del
vecino que también tiene que gestionar dineros, tiempos y personas, sobre todo
personas, exactamente igual que él. El resultado al final es diametralmente
diferente.
Aún
así, con o sin algoritmo, me siento moderadamente feliz de estar en este XXI
Diploma de Gestión, por quienes he conocido, tratado, trabajado y también por lo aprendido. Pero me da a mí, que mi
propio algoritmo lo tengo que ir cambiando a diario.
Antonio Caravaca
Mayo, 2017
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