Seguir y leer a Ángel López siempre es excitante y
sorprendente, su visión sobre la medicina de familia desde el escarpado risco
de la medicina rural no deja indiferente ni a propios ni a extraños. Cierto es
que en algunas cuestiones diferimos en nuestros posicionamientos pero su entrega y
ejercicio profesional son encomiables.
En una de
las últimas entradas de su blog nos habla de lo que precisamente un médico
nunca debería decir a sus pacientes y viene bajo el sugerente título de "Tras el
no hacer llega el no decir…." Muchas veces la palabra de uno mismo en otra
situación o temporalidad diferente y sobre todo la de otros compañeros tiene un
poder inusitado, y lo que se dice como coletilla en una conversación
médico-paciente se hace ley. Claros ejemplos de esto son el tan famoso “esta
medicación se la tiene que tomar mientras viva y que no se la cambien” o todo
un clásico de las consultas externas de hospital “si su médico lo hubiera
mandado antes, ya estaría operado”.
A raíz de
ese post pensé en que los gestores también dicen cosas que quizás nunca
deberían decir al igual que muchas veces hacen cosas que nunca deberían hacer.
Por ello enumero mis cinco frases que un gestor nunca debería pronunciar:
El ciudadano siempre lleva la
razón. Como ente público y al servicio de la población nos debemos a nuestros
ciudadanos y nos organizamos en función de sus necesidades y preferencias, bien
es cierto que muchas veces, casi todas, sus necesidades y preferencias las interpretamos
como Luis XIV la de los franceses del siglo XVIII. Pero ese ciudadano que exige
romper los principios de justicia o de equidad y conseguir algo por medio de
histrionismo y confrontación no siempre lleva la razón y por tanto no se le
puede dar.
Nuestra prioridad es la
sostenibilidad económica del sistema. Siempre tendemos a aferrarnos a las
variables intermedias como los borrachos a las farolas ante la imposibilidad de
llegar al portal de la vivienda donde residen los resultados en salud. Mostrar
que el ahorro (principal eje de la sostenibilidad del sistema según se entiendo
a día de hoy) es lo más importante es como si un general prioriza perder pocos
soldados a ganar la guerra, al final tendrá grandes pérdidas humanas y será
vencido.
Mi cartera de servicios es como
una promesa de año nuevo. Nuestro compromiso con la sociedad no puede ser
infinito, sabemos lo difícil que es ponerles puertas al campo, pero tampoco
pueden ser estelas en el mar. Por ello el menú que ofrecemos debe estar claro y
en negro sobre blanco, es un contrato que debemos mantener y sostener con
visión a largo plazo y mejora continua.
Ya están aquí los objetivos para
este año ¿a ver qué se les ha ocurrido esta vez?. En un escenario donde los
objetivos suelen ser impuestos y la capacidad de negociación y réplica se
asemeja a la de ciertos países caribeños, es lógico que a uno le pida el cuerpo
ciertas licencias oratorias. Pero si luego vamos a pedir que, esto de lo que
nos mofamos, se cumpla como tablas de la ley, debemos darle la importancia y
contextualización que se merecen.
Yo me apaño con poco. La
tendencia de algunos gestores a no solicitar medios, económicos o de recursos
humanos, puede ser a veces crispante. Ni hacerse la boca un freile ni ser el
fantasma de las navidades pasadas, pero en gestión no debemos nunca parecer
mártires de la precariedad y siempre tenemos que solicitar lo suficiente para
que los servicios que desarrollemos tenga la calidad que corresponde.
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