La inercia es aquello que te hace
seguir andando cuando tus fuerzas flaquean o actuando de una determinada forma
cuando no hay razón para seguir haciéndolo. Nunca por inercia se consiguen
hacer las cosas mejor, quizás como mucho igual (de bien o de mal), pero
podríamos generalizar que tiende hacia niveles de calidad decrecientes.
Javier Krahe, en una de sus
benditas canciones enunciaba que al final volvemos “junto a la lumbre, alcalorcillo del fuego sagrado de la costumbre” y es que modificar lo que siempre
se ha hecho así, la inercia clínica, implica un proceso voluntario y constante
de cambio, de modificación de conductas que es muy difícil de implementar.
Pese a que durante muchos años y
debido a las apreciaciones de Maxwell Maltz se pensó que las modificaciones de
conducta se conseguían tras 21 días de trabajo de modificación de hábitos, losestudios de la universidad de Collage de Londres, elaborados por la Phillippa
Lally nos indican que ese tiempo es más dilatado y va entre 18 días a 254, con
una media de 66 días.
En esta entrada del blog Avances en gestión clínica se enumeran algunas mejoras que habría que conseguir para disminuir la
fragmentación de la atención sanitaria a nuestros usuarios, fragmentación que
como sabemos empeora los resultados en salud con vivos ejemplos centrados en la
atención por proveedoras privadas sin gestión por médicos de familia de sus
asegurados.
Para conseguir implementar estos
cambios, es decir, analizarlos, planificarlos, implantarlos, medirlos y actuar
según los resultados, es necesario fijar un punto de apoyo y saber gestionar la
palanca como enunció Arquímedes. Soy un firme defensor de que la unidad de
cambio y de mejora es el centro de salud, o en su lugar las unidades de gestión
clínica de atención primaria.
Hablar en un blog de innovación en
gestión sanitaria de implementar intervenciones tales como la valoración
geriátrica integra o de la necesidad de realizar planes individuales en
entornos de equipos multiprofesionales parece tan obvio como hacerlo de la
humedad del agua, pero como ya enuncié en un blog anterior, algunas veces innovar
es volver la mirada al pasado.
La atención paliativa realizada
de forma transversal, sin necesidad de crear paliativistas que vuelvan a
fragmentar la atención y sobre todo la revisión de tareas y prácticas clínicas
de escaso valor para ser defenestradas vuelven a ser focos de actualidad que
vuelven como las oscuras golondrinas.
Garcilaso, en su soneto XXIII despliega una triada de verbos que me fascina:
... el viento mueve, esparce y desordena:
Ahora podemos hablar de seis verbos, tres que tenemos que conseguir descartar y sustituir por lo otros tres

La visión holística de la salud impone coherencia ante el desorden y el caos de la enfermedad. Sin embargo para gestores aún ser especialistas en las enfermedades de las uñas del pie, sin menospreciar a estos galenos, tiene más importancia para los gestores que aquellos que nos dedicamos a ver la vida y la muerte de una manera global. Un saludo.
ResponderEliminarLos que tenemos la suerte de ver a usuarios y no a enfermos, de ver vidas y no consultas, de vivir con ellos sus experiencias y saber que cuando no se puede curar se debe aliviar y acompañar, estamos en una situación privilegiada para aportar coherencia y sencillez. Gracias Gilbertman.
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