Este título no es ni más ni menos que el título de una entrevista que cayó en mis manos justo cuando finalizamos el módulo de bioética. Un módulo que dado mi perfil (profesional de administración en un ámbito hospitalario) pensé por error, según pude comprobar más tarde, que no sería muy de mi competencia. Pero el desconocimiento, por desgracia, es un lastre que afortunadamente vamos
LV |
Foto: Inma Sainz de Baranda
deshaciéndonos de él poco a poco y dejándolo en el camino. Creo que por éso, puse tanto énfasis en la lectura de esta entrevista que me llevó a hacer ciertas reflexiones en voz alta.
Joan Carles Trallero, médico de enfermos terminales, acompaña a éstos en el final de sus vidas, ayudándoles a evitar sufrimientos y a tener una muerte digna. Porque, si vivimos dignamente, ¿por qué no morir también dignamente?.
En ese momento mi mente comienza a navegar y en mi imaginación se rueda una película: me muevo entre habitaciones de hospital, camas, batas blancas, botes de suero, jeringas, tubos, más y más medicaciones, murmullos, palabras que no comprendo…. de pronto, me despierto, y pienso: "…. mi película se puede hacer realidad en algún momento de mi vida", y me pregunto, ¿qué es lo que querría yo para mí?. ¿Por qué no decidir yo lo que quiero antes de que tengan que hacerlo por mí? ¿Por qué no dejar redactado un documento en el que se exprese lo que yo desearía si llegado el caso no soy capaz de decidir por mí misma?. Si dejo redactado un testamento en el que expreso mi voluntad de cómo quiero que se distribuyan mis pertenencias cuando falte, ¿por qué no dejar otro testamento para tener derecho a una muerte digna llegado el caso?
Palabras como sedación, eutanasia, homicidio, soporte vital, etc., etc., me producen pánico, y el caos y la confusión aparecen cuando las nombro. Pero ahora reacciono y pienso, no importa, tengo grabado en el recuerdo los temas que he visto en el módulo de bioética que acabo de realizar. Maite Cruz Piqueras, Félix Igea Arisqueta, Miguel Melguizo Jiménez, entre otros docentes, me informan, y ponen en mis manos documentos que hasta ahora sólo eran conocidos de nombre pero nunca manipulados.
Ayudada por la Ley 2/2010, de 8 de abril, de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte, descubro así el significado de estas palabras hasta ahora tabú. .
Una frase concreta de su exposición de motivos me marca: “El derecho a una vida humana digna no se puede truncar con una muerte indigna”. Si considero que he tenido una vida digna, me gustaría también tener una muerte digna. Quiero dedicir por mi misma. Ahora conozco más mecanismos que lo hagan posible y que no comprometerán a los profesionales que me asistan. Sé que puedo nombrar un representante que decida por mí si llega el momento de hacerlo y no puedo.
Pero tengo varias asignaturas pendientes, ¿a qué persona de las que están a mi lado le asignaría esta responsabilidad?. ¿Soy capaz, a priori, de cumplimentar una declaración de voluntad vital anticipada y adelantarme al futuro?.
Toda esta lluvia de información me redirecciona y me hace CONCLUIR en voz alta: no debemos MORIR MAL. Y por supuesto, lo que no quiero para mí, tampoco lo deseo a los demás. Si una persona cercana y querida me designa su representante para decidir por ella, lo haré dignamente al igual que ella morirá dignamente.
Joan Carles Trallero, médico de enfermos terminales, acompaña a éstos en el final de sus vidas, ayudándoles a evitar sufrimientos y a tener una muerte digna. Porque, si vivimos dignamente, ¿por qué no morir también dignamente?.
En ese momento mi mente comienza a navegar y en mi imaginación se rueda una película: me muevo entre habitaciones de hospital, camas, batas blancas, botes de suero, jeringas, tubos, más y más medicaciones, murmullos, palabras que no comprendo…. de pronto, me despierto, y pienso: "…. mi película se puede hacer realidad en algún momento de mi vida", y me pregunto, ¿qué es lo que querría yo para mí?. ¿Por qué no decidir yo lo que quiero antes de que tengan que hacerlo por mí? ¿Por qué no dejar redactado un documento en el que se exprese lo que yo desearía si llegado el caso no soy capaz de decidir por mí misma?. Si dejo redactado un testamento en el que expreso mi voluntad de cómo quiero que se distribuyan mis pertenencias cuando falte, ¿por qué no dejar otro testamento para tener derecho a una muerte digna llegado el caso?
Palabras como sedación, eutanasia, homicidio, soporte vital, etc., etc., me producen pánico, y el caos y la confusión aparecen cuando las nombro. Pero ahora reacciono y pienso, no importa, tengo grabado en el recuerdo los temas que he visto en el módulo de bioética que acabo de realizar. Maite Cruz Piqueras, Félix Igea Arisqueta, Miguel Melguizo Jiménez, entre otros docentes, me informan, y ponen en mis manos documentos que hasta ahora sólo eran conocidos de nombre pero nunca manipulados.
Ayudada por la Ley 2/2010, de 8 de abril, de derechos y garantías de la dignidad de la persona en el proceso de la muerte, descubro así el significado de estas palabras hasta ahora tabú. .
Una frase concreta de su exposición de motivos me marca: “El derecho a una vida humana digna no se puede truncar con una muerte indigna”. Si considero que he tenido una vida digna, me gustaría también tener una muerte digna. Quiero dedicir por mi misma. Ahora conozco más mecanismos que lo hagan posible y que no comprometerán a los profesionales que me asistan. Sé que puedo nombrar un representante que decida por mí si llega el momento de hacerlo y no puedo.
Pero tengo varias asignaturas pendientes, ¿a qué persona de las que están a mi lado le asignaría esta responsabilidad?. ¿Soy capaz, a priori, de cumplimentar una declaración de voluntad vital anticipada y adelantarme al futuro?.
Toda esta lluvia de información me redirecciona y me hace CONCLUIR en voz alta: no debemos MORIR MAL. Y por supuesto, lo que no quiero para mí, tampoco lo deseo a los demás. Si una persona cercana y querida me designa su representante para decidir por ella, lo haré dignamente al igual que ella morirá dignamente.

Tienes toda la razón Carmen , hay que realizar las cosas dignamente y pensando que uno debe hacer con los demás lo que quieres que hagan contigo. Un saludo
ResponderEliminarEsfectivamente el módulo de Bioética ha sido removedor de consciencias,el tema del que hablas en tu artículo está de plena actualidad.El conmovedor llamamiento de ayuda a morir del madrileño Luis de Marcos, enfermo de esclerosis, devuelve a la palestra el debate sobre el alcance de las leyes de muerte digna.Madrileño de 50 años enfermo de esclerosis múltiple desde hace 10, paralizado de cuello para abajo y «con terribles dolores Luis de Marco pide la eutanasia, ilegal en España.Atender la petición de personas como Luis de Marco, quien podría vivir muchos años, es implanteable con la legislación actual lo que obliga,a que haya personas en este país que recurren a la eutanasia buscando fármacos por ejemplo a través de internet sin garantías de morir sin angustia ni dolor y solos para no causar problemas legales a la familia o a los amigos.Esto obliga a los que pueden a marcharse a otros países en los que la eutanasia está permitida, previo pago de 6000 a 8000€. Hay encuestas sobre la eutanasia desde 2008 y siempre son favorables y creciendo. La gente quiere tener la posibilidad de elegir. Un 86% de los españoles está de acuerdo con abordar la despenalización de la eutanasia, pero hay mucha presión de la Iglesia y ningún partido político, salvo Podemos e IU, quiere ser el primero en proponerlo. La sociedad está lista para abordar esta cuestión pero los políticos no. ¿A qué esperan?. Si me viese en esta situación quisiera tener la libertad de elegir sin "enmarronar" a nadie.En estas situaciones no quieres morir, sólo dejar de SUFRIR.Despenalización de la eutanasia ya!!!
ResponderEliminarHoy me coge este tema especialmente sensible.Hemos perdido a una gran amiga,compañera,madre y profesional. Es verdad,hay que elegir como morimos.Como ella,eligió cúando empezar a morirse,cúando empezar la sedación. Tuvo tiempo para despedirse de familiares,amigos y hasta para decidir su funeral y su duelo. Es una lección de fuerza,de vida y de amor. Hay que reivindicar el derecho a saber y querer morir como nosotros decidamos.Voto por ello.
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